09 noviembre 2009

Bis

También podría titularlo 'La insoportable ausencia de bis'.

Porque no lo hubo. Juliette Lewis y su nueva banda demostraron que les gusta poner toda la carne en el asador en cada concierto. Lo comprobé en Madrid el año pasado, en la sala Heineken. Lo comprobé esta noche. Ella es un animal de escenario. Puede ser una leona enjaulada o una muñeca cursi, rebelde e irónica. Literalmente, se come al público.

Y mamá dijo: 'Niña, no te metas esa cosa en la boca, que a saber dónde habrá estado'. Uno se pregunta cuán amargo debe ser para una banda de rock el irse de un concierto diciendo, 'ahí os jodais, os quedais sin bis'.

Pedir al público que aplaudan al ritmo es normal. Cuando tienes que repetirlo, hay que empezar a preocuparse. 'No nos vamos de aquí hasta que los de ahí no repitan el estribillo', tuvo que decir, irónica, sardónica, viperina. Y no está claro que lo hicieran. Los problemas técnicos son gajes del oficio, pero un mal público es la peor de las maldiciones.

En cuanto la música se hacía lenta, la gente aprovechaba para hablar. En voz alta, como si estuvieras en un bar. ¡Realmente dejabas por momento de oir la música! La gente gritaba y hacía bromas constantemente, amargándonos el concierto a los demás. El último informe de las Naciones Unidas ha sido claro: el alemán medio no tiene sentido del humor. O al menos no tiene ninguno que valga la pena mencionar. Creo que todo se puede resumir en una falta de respeto por los artistas.

Supongo que cuando tienes tanto dinero, tu vida está tan plena (ja!) que realmente el arte lo único que hace es decorar. Por eso, lo que más me gustó es el comentario que hizo acerca de Munich: 'Es tan bonita...'.

Y ya está.

Para terminar, tengo que dar las gracias a la rubia cretina que intentó sin exito colarse delante mío en la cola interminable para recoger los abrigos. No sólo me dió la oportunidad de impedírselo, sino que descargué toda mi frustración echándola miradas asesinas. Juraría que esperó a que saliésemos para salir ella.

Juliette Lewis, extravantástica.

07 octubre 2009

Oktoberfest



Creo que en la misma noche, brindé con la misma cerveza unas diez o doce veces. Llevo 8 meses en Alemania y ya empiezo a entender muchas cosas.

Yo no quería ir. Muchos amigos me habían contado en qué consistía el Oktoberfest y siempre había un punto en común: ellos me lo describían deleitándose en el recuerdo mientras yo me extrañaba más y más. Los principios básicos son: abarrotado, colas infinitas para el baño y la prerrogativa de 'o te emborrachas o te aburres'. No no no. Son alemanes, tienen fama de ser listos y organizados. ¡Pragmáticos hasta el absurdo! ¿Qué pueden ver en ello?

Lo dicho, ahora lo entiendo todo.

Yo no quería ir, pero mi amiga Andrea no me dejó opción. Es mujer, es guapa y es argentina. No hay nada en este mundo que no pueda conseguir. Y me plantó a las 6:30 en la entrada de una explanada del tamaño de varios campos de fútbol. Todos hemos ido a una feria de pueblo. Coge la muñeca chochona, el perrito piloto, el tren de la bruja, la noria y el algodón de azúcar. Coge muuucho dinero. Coge muuuucho espacio. Júntalos. ¿Qué te da? Un parque de atracciones, claro. Pero este lo ponen sólo por 1 mes. Luego lo quitan. Para que no se moje.

Tengo que pararme una letras en una de las atracciones. ¡El primer tobogán de la historia! O eso anunciaban. Y lo parece: un tobogán hecho de listones de madera, que hace un par de loops y luego te escupe a una colchoneta. Hasta aquí todo bien. Originalmente, la gente subiría por unas escaleras, pero ya llevamos un buen rato en el s. XXI y le han incorporado una cinta elevadora, bastante rápida, por cierto. Nunca sabremos si la pusieron para diversión de los que se subían a ella o de los espectadores. Ver a tanto alemán borracho dejándose los morros contra la cinta que les arrastra no tiene precio.

De la zona recreativa pasas directamente a la zona cervecera. Son enormes pabellones cubiertos, completamente de madera, decorados con motivos de cada marca de cerveza. Esta rodeada de esos pobre diablos que no quisieron reservar mesa con 1 año de antelación y les toca hacer cola hasta que alguien salga, ya sea por su propio pie o en camilla. Una vez dejas a la chusma atrás ( a ellos les gusta que les llame así), pasas seguridad y entras en uno d elos complejos habilitados para el evento. Y entonces tus lentillas dan una voltereta, tus fosas nasales se santiguan y los tímpanos se enroscan sobre si mismos. Yo calculé a grosso modo 3.000 personas hacinadas, unas sentadas y otras de pie, alrededor de un escenario elevado. Guirnaldas, banderolas, espumillón, coronas, cintas y bodoques adornaban cada centímetro cuadrado de esa enorme sala, en riguroso azul y blanco, los colores de bavaria. La Banda de Mari Conchi y los Relámpagos, versión bávaro, repasan todo el repertorio casposo de los 80, 90 y 2000. No hay sitio para andar, apenas para respirar, y menos para buscar un sitio donde sentarte. Cuando llegas al banco que te corresponde, no sabes muy bien cómo lo has hecho. Y ya de ahí no te mueves. Ahí bebes, comes, bailas, te mueres de ganas de mear. Te plantan una cerveza de 2 litros, o maß, y medio pollo. Como te has deshidratado de camino a la mesa, te bebes la cerveza en un tris. Y entonces el Oktoberfest es la cosa más cojonuda del mundo. De repente tienes 3.000 nuevos mejores amigos, que bailan en sus bancos, como tú, las mismas canciones que tú, y todos quieren brindar contigo. La primera maß se acaba rápido y el pollo te lo rapiñan los que llegaron antes que tú, ahora hambrientos. Así que al poco otros dos litros pal cuerpo. La cola de baño es el infierno en la tierra, y la puedes ver desde cualquier lugar del recinto, así que te olvidas de mear, y punto. Entre canciones populares, los Escorpions y La Bamba, te das cuenta de que eres el único que se sabe la letra completa del 'I will survive'. Hay conatos de broncas cada cinco minutos, pero todos vuelven a ser mejores amigos si les plantas una maß delante. Hablas de todo y de nada, y de repente tu alemán se vuelve fluido, todos son geniales, tú eres genial y el mundo es un lugar maravilloso y lleno de cintas de colores.

Y entonces suenan las campanas y la carroza se convierte en una calabaza, y cenicienta está en un rincón, vomitando los pulmones. O lo que es lo mismo, son las once de la noche y la banda deja de tocar. Así, sin avisar. Ni un bis. La gente desaloja, demostrando que son civilizados hasta borrachos como cubas. Y te encuentras en calle, asquerosamente pronto, y te paras a pensar en cómo van a estar los garitos a estas horas. Y te vas a casa. Has comido, has bebido, has cantado y ya no te acuerdas del nombre de nadie, con suerte del tuyo propio.

Pero te lo has pasado bien.

Conclusión 1: Los alemanes aprenderán a bailar cuando fabriquen bancos más amplios.

Conclusión 2: Las jarras de maß son tan gruesas para soportar tantos brindis, no los dos kilos de cerveza.

Conclusión 3: La caspa no conoce fronteras y a todos nos encanta por igual.

Conclusión 4: Uno tira una cerveza entera en nuestros abrigos y le piden que se retire a otra zona. Son muy correctos.

Conclusión 5: Los españoles no lo haríamos ni mejor ni más divertido, sólo hasta más tarde y con zona de baile.

Nota educativa para que luego no digan. El primer Oktoberfest se organizó a raíz de la boda de Rey Ludvig I con una señora. Duró sólo una semana, en octubre de 1810. Debió gustarles porque desde entonces lo han ido repitiendo, se casase el rey o no. Y bueno, con la superpoblación ha habido que ampliar el calendario.

14 agosto 2009

Culo veo

Estoy orgulloso de mi mismo. Ayer me planté en un sitio de fotocopias y pregunté 'si es posible hacer fotocopias en blanco y negro sobre papel adhesivo y cuanto cuesta' con mi alemán chapucero. Como era muy caro, volví a casa. Pero mis pies decidieron que valía la pena ir a preguntar a otro sitio. Ya sabeis cómo se ponen los pies a veces. Intratables. Hacen oidos sordos.

En el siguiente sitio la comunicación fue incluso más fluida. Tal vez porque el dependiente no era autóctono. Y era más barato. Yupi. Hacía meses que no paseaba por la calle con esa sonrisa de satisfacción. Así que, feliz, le dije a mi amiga Mónica que podíamos hacer unas etiquetas super baratas para sus carteles. Son para una obrade danza contemporánea que estrena aqui en septiembre.



Todo es adaptarse. Tenemos una resistencia natural a los cambios. Pero que con tiempo, nos hacemos a todo. Y a veces volver al punto inicial chirría. Me pasó hace unas semanas. Quedé con mi amiga Alice para hacer tandem. Ella quiere aprender español (lo habla ya estupendamente) y yo necesito hablar alemán. 45 minutos de español y 45 de algo que parece alemán. Y los dos aprendemos.
El lugar de la cita era 'en medio del puente Corneliusbrücke'. Habían instalado ahí una terraza como las que te puedas encontrar en cualquier zona playera: Hamacas, palmeras, chiringo, músicos... y arena. Mucha arena. Yo siempre he sido de los que opinan que la arena, si no es para tumbarse, no es más que un coñazo. Se te mete en el calzado, se recalienta...

Y mucha gente. La sensación torremolinesca es una de las ciudades más pijas del mundo fue bastante desconcertante. Yo, que debería haberme tirado a la arena en arranque nostálgico, de morriña extrema, me limité a mirar con cara de 'estos alemanes están todos locos'.
No somos nadie.



25 junio 2009

Lunes 21 de junio

video

Sin comentarios.

24 junio 2009

Espacios vitales


"Ven a aburrirte con nosotros"

Pausa de blog, no tengo muy claro por qué. Porque han pasado miles de cosas. Bueno, toca ponerse a rememorar.

Esta es mi tragedia hostelera particular.

En pocas palabras, si una mesa de 6 no se llena, pues meten dos grupos y que ya se apañen ellos. Es tan común aquí, que entiendes por qué hablan tan bajito y son tan cuidadosos con el espacio ajeno. Pero voy yo con mi hispanidad ondeando, y me da por desentonar.

En estas circunstancias las conversaciones se vuelven frívolas. Yo no puedo. Sobre todo con gente que vas a ver 5 veces en un año. Así que te animas, te ríes, subes el tono... Y todos empiezan a mirarte. No fijamente. Pequeños avistamientos ligeramente sazonados con esa cara que saben tan bien poner aquí de '¿qué coño crees que haces?'.

Cortan el rollo. Mucho. Eso si, las primeras veces. Luego decides que ya les pueden dar blutwurst ( morcilla aquí), que cada uno se expresa como le da la gana. Sabes que no sólo te desaprueban sino que si pueden, desempolvan la parabólica y toman nota de lo que digas.

Aunque no es eso lo peor que puede pasarte. Mucho peor es esa pequeña perversión, esa patología social de la que a veces se vanaglorian: el Acople.

El pasado 16 de junio mi amiga Xenia se despedía para volverse a Barcelona. Reunió a su grupo de amigos en Munich, la mayor parte españolas y chicas. Al principio todo muy correcto y llevadero. Tras varias horas de palique y empezar a conocerse, tras varias muchas cervezas todo empezó a animarse considerablemente. Empezamos la terapia de grupo (Pues mi novio alemán esto, pues a mi no me hace lo otro y fíjate lo que tengo que aguantar). Con las correspondientes risas. Es lo que tiene la vida sexual, que da risa cuando da risa.

Yo estaba pasando una de las mejores noches en muchos meses. Entonces todo se ensombreció, porque dos tipos de la mesa de al lado se levantaron y taparon la luz, básicamente. Eran del genuino género germano-mallorquín, con una capacidad ilimitada de requemarse al sol y una presencia simple y llanamente aburrida. No sabemos la razón, puede que no tuviesen nada de lo que hablar o puede que buscasen rollo entre tanta hispana desatada. La cuestión es que saludaron y nos pidieron permiso para sentarse con nosotros en nuestra mesa. A mi lado.

Si vas a Roma, haz como los romanos. Vaya mierda más grande.

Yo tengo la teoría de que si haces algo semejante, tienes que estar dispuesto a ser abierto, jovial, y disfrutar de una conversación animada. Pero si eres aburrido, y además eres más aburrido aún, y si tu amigo directamente no habla, te quedas en tu mesa, pagas la cuenta y te vas a aburrir a tu señora o al gato o al ficus. En su lugar se limitaron a preguntar de donde veníamos. Y acabó la conversación.

Aquí volvemos a las caras. La cara de antes es terriblemente parecida a la que ponen es estas circunstancias, cuando están fuera de lugar. Les faltan las aletas, las escamas y abrir la boca de forma rítmica. Bop bop. Burbuja Burbuja. Lamentable. Me tocaba traducir todas las gracias de la chicas que habían decidido pasar de los tipos estos. Y con razón. No me extraña que tantas tías se quejen últimamente que no encuentran 'hombres de verdad'. Con el género que hay corriendo por aqui, la raza humana se extingue el próximo verano.

Y yo digo, si no sabes donde te metes ¿pa qué te metes?

¿Qué consiguieron? Que me fuese. Cogí mis bártulos y pa casa bajo la lluvia.

La última vez que pasa.

28 mayo 2009

...y otra de arena

Me he dado cuenta de que tiendo a comentar rasgos positivos de mi vida aquí... y no es real. Hay muchas razones que hacen esta vida difícil, y no sólo cuestiones de diferencias culturales.

El día que fui al aeropuerto a recoger a mi madre, me subí a un tren que tardó demasiado. Anduve apresurado por largo pasillos de terminales que no terminan nunca. La señalética no ayudaba nada. Y mucho menos ayudaron una pareja de yonkis, con muy malas pintas. Mientras uno alargó un brazo y me plantó una placa de policía, mientras inspeccionaba mi DNI, mientras me preguntaba si era español (??) y si mis padres eran españoles también (?????) algo dentro de mi se sentó, cruzó los brazos con los codos bien altos y dijo '¿por qué?.

¿Sería porque llevo barba, me he rapado hace bien poco y me ha dado el sol lo suficiente para estar morenillo? Me da lo mismo. He cogido infinidad de aviones en estos 3 últimos años, miles de destinos. Y no ha pasado nunca nada. Ni siquiera en Nueva York, 1 año después del 11-S.

¿Por qué tenía que ser en la ciudad en la que voy a vivir bastantes años?

Lo que más rabia me dio: que el aeropuerto estaba literalmente vacío. Así que me tuve que tragar lo de: '¿De toda esta gente por qué me han preguntado a mi?'.

Uno ya no puede indignarse como es debido.

Una de cal...

El anterior, fue un fin de semana estupendo. Mi madre, saltándose todos los esterotipos de madre español sesentona, se cogió un vuelo de ultima hora (barato, claro) y se me plantó el viernes en Munich con su excelentísimo marido.

Uno no sabe lo mucho que necesita a los demás hasta que se te plantan delante de las narices. Qué tontos somos a veces.

Visitamos el castillo de Ninphenburg. El edificio está muy bien, pero los jardines son impresionantes. Es la versión alemana del Palacio de la Granja de San Idelfonso. Luego al día siguiente, fuimos a los alpes. Paseamos alrededor de un lago de montaña y de ahí, vía teleférico, llegamos a un remonte de esquí. Como se ve, aún tiene nieve. El currywurst más rico que he tomado nunca.